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San Valentín sin gluten

Published at 2/15/2008 in ,

La noche de San Valentín, como muchas parejas, salimos a cenar. El restaurante, acogedor y con un toque diferente, es de los recomendados. Hablar de gluten no será sinónimo de problema. Otros celíacos han ido antes y parece que han salido contentos.

Llegamos pronto, nos ofrecen la carta. Una ojeada rápida me permite distinguir: a la izquierda, ensaladas; a la derecha, tapas. Pregunto: -¿eres ...?- -Sí, soy yo-, responde. -Hablé contigo para reservar mesa, te comenté que soy celíaca- aclaro. -No hay problema, te explico lo que puedes comer-.

Nos centramos en las tapas, pues parece que todo lo que se cocina es natural, sin pastillas de caldo. El único problema puede ser la salsa de tomate. Me la traen a la mesa y resulta ser de las aptas. Esto quiere decir que puedo comer casi todo lo que ofrecen. Hoy, al fin, no cenaré ensalada.

La luz ténue del lugar, la seguridad de haber topado con una persona que no hace caras raras al oír la palabra "gluten", no permitía presagiar lo que estaba a punto de suceder. La primera tapa resultó ser queso de cabra rebozado!!! No daba crédito. Se veía perfectamente que estaba rebozado y no me di ni cuenta. Gluten a la vista, bien clarito y no me di cuenta hasta que hundí el cuchillo en él para cortarlo en dos mitades y de repente, como en un flash, relacioné esa textura y color típicos de los rebozados con lo que en realidad estaba cortando: no era simple queso, era queso rebozado!!! ¿Qué había pasado? ¿Cómo era posible que no me hubiesen advertido al elegir esa tapa? ¿Cómo podía ser que no me hubiese fijado que se trataba de un rebozado, fino, pero muy claro y delatador? No llegué a probarlo, pero me quedé sin saber qué hacer con ese cuchillo "contaminado". Reaccioné... pregunté y se confirmó: -Sí, está rebozado con pan rallado-. Y luego, ante mi cara de incredulidad, la misma chica que me había atendido tan amablemente, la chica que creí sabía de qué le estaba hablando, añadió: -Lo siento, no se lo advertí-.

-Éste lo tacharás de la lista- me comenta mi marido. Sinceramente, no sé si el fallo fue únicamente del restaurante. ¿De quién fue el error, de la chica al no advertirme de algo que era evidente a simple vista o mío por confiar que una vez dicho que eres celíaco lo lógico es que todo lo que se pida sea sin gluten, aunque haya otros comensales no celíacos?

Dos mesas más allá se acaba de sentar una pareja joven. Oigo a la chica preguntar: -¿Las patatas llevan harina?- La misma persona que me había atendido le responde: -No, no llevan- En la sala no hay más de veinte personas y, al menos dos, sabemos que somos celíacas.

Feliz San Valentín.

Ángela

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3 Response to San Valentín sin gluten

16 febrero, 2008 12:52

¿Y si le damos un voto de confianza?, un pequeño error puede tenerlo cualquiera ¿no?
Menos mal que te diste cuenta a tiempo, y estoy segura no te amargó tu romántica cena!!!

18 febrero, 2008 18:43

Qué pena lo del rebozado :( Espero que no te arruinara la salida :))

18 febrero, 2008 19:39

Qué va a arruinarme la salida!!! San Valentín puede con los rebozados con gluten, jajaja. Haré caso a Marisa y lo publicaremos en la próxima actualización de restaurantes en Baleares. Por cierto, hay bastantes novedades.

Lo que sí quería dejar reflejado, en cierta manera, es que aunque vayamos a un restaurante que en principio sea de los "recomendados" no nos debemos fiar ni relajarnos. Eso de pedir tapas varias para picotear de todas ellas es ya el colmo de la confianza que depositamos en un restaurante. A lo mejor es que sigo teniendo muy reciente mi época "con" y no se me ha olvidado la costumbre de salir a cenar de tapas. Quizá el paso intermedio sea poder aspirar a comer un plato que no sea a la plancha o ensalada pero sólo uno y del que hayamos pedido todos sus detalles: ingredientes y forma de elaboración. En el fondo creo que la chica pensó que yo sabía lo del queso, o que lo vería, y que si lo pedíamos no era para mi todo. No puede ser ir a comérselo todo, jajaja.

Saluditos,

Ángela